Anthony Hopkins se une a John Travolta en una historia de mafiosos dirigida por Joe Johnston.
enero 5, 2012
The yellow sea, la violencia como modo de vida
Me llena de orgullo y satisfacción comprobar que el cine asiático tiene cada vez mayor hueco en las carteleras españolas. Esto, que no lo pudimos escuchar en el pasado discurso del Rey, no deja de ser una realidad. Y más aún en lo que al cine surcoreano se refiere, pues desde hace una década muchos de sus directores se están consolidando como algunos de los mejores creadores de cine negro del planeta. Y como si de La Masía se tratara, parece que esta cantera no tiene fin. El último en salir es Na Hong-jin, cineasta que en el pasado Festival de Sitges ganó el premio al mejor director por su película The yellow sea (Na Hong-jin, 2010), que gozosamente ya podemos disfrutar en pantalla grande.
Como ya hiciera en su excelente ópera prima, The chaser (2008), Hong-jin vuelve a contar una historia de violencia sin olvidarse de dar una pincelada social que sirve para añadir más crudeza si cabe a su mensaje. Mientras que en The chaser se decantaba por la prostitución, aquí habla del drama de la inmigración. Drama no por lo que la propia palabra significa, sino por el contexto en el que el director lo cuenta.
The yellow sea nos lleva a Frontera entre Rusia, China y Corea del Norte, donde conocemos a Ku-Nam (Ha Jung-woo), un taxista que en sus ratos libres se dedica al juego. Su hija está al cuidado de su abuela, mientras que su mujer está en Corea del Sur buscando un trabajo y un futuro para su familia. Las deudas y la creencia de que su mujer le está siendo infiel asfixian cada vez más a un Ku-Nam que está llegando al límite, sin embargo, todo cambiará cuando Myung-Ga (Yun-Seok Kim), el mafioso del lugar, le ofrece un trato: ir a Corea del Sur, matar a un hombre y entregarle su dedo pulgar. A cambio, le dará una suma de dinero con la que podrá saldar todas sus deudas. Ku-Nam acepta pensando que de camino podrá hallar el paradero de su mujer. Pero como siempre suele pasar en estos casos, nada saldrá como había sido planeado.
Para su segunda película Hong-jin ha vuelto a contar con la pareja protagonista de su ópera prima, con la diferencia de que aquí ambos se intercambian los roles. El que hacía de bueno ahora hace de malo y viceversa. Todo entrecomillas claro, pues a lo largo de su corta pero brillante filmografía puede apreciarse que Hong-jin apuesta por antihéroes que continuamente cruzan la línea que separa el bien y el mal. Del mismo modo, el director convierte al ser humano en un animal en el que la violencia está tan asumida que la considera un acto más de su rutina diaria. En este aspecto Hong-jin pone su mirada más social y retrata la dura situación de los llamados joseonjok (descendientes de coreanos que viven en China) que se convierten en juguetes para aquellas mafias que ven en la miseria ajena la mano de obra más barata.
La violencia de The yellow sea no es implícita, de hecho no he visto una violencia más explícita nunca. Ni siquiera con Tarantino. Aquí la cámara rara vez se esconde y la sangre es un personaje más de la película. Hay pocas armas de fuego, una constante más en el cine de Hong-jin y en el surcoreano en general, aquí predominan las armas blancas: todo tipo de cuchillos, hachas o destornilladores, que ayudan a crear una crudeza visual no apta para estómagos sensibles. En este sentido, Myung-Ga es el paradigma de lo que es la violencia como forma de vida. No titubea en ningún momento, para él matar es como respirar.
Además, el director sigue siendo fiel a sí mismo y nos vuelve a deleitar con una clase magistral de ritmo, tensión y adrenalina. Numerosas persecuciones y peleas –algunas recuerdan a las vistas en la magnífica Oldboy (Park Chan-wook, 2003)- y un montaje de primer nivel atrapan al espectador hasta dejarle sin aliento. Y por encima de todo no hay que dejar de lado la historia de amor, en realidad, la trama central de la película y a partir de la cual se desarrolla todo. La desesperada búsqueda que inicia Ku-Nam para encontrar a su mujer, reiniciar su vida juntos y así evitar una espiral de miseria y crimen en la que se está viendo cada vez más atrapado. Sin duda alguna, The yellow sea es la ocasión ideal para que aquellos que aún no se han atrevido con el cine negro surcoreano le den una oportunidad y, quién sabe, sumarse a un género que cada vez nos regala más maravillas.



