Anthony Hopkins se une a John Travolta en una historia de mafiosos dirigida por Joe Johnston.
agosto 2, 2012
The Hollow Crown, orgullo británico
Básicamente, ese subtítulo es el motivo de la existencia de una miniserie como esta. Es una producción de BBC hecha por británicos para británicos, emitida durante las semanas previas a los Juegos Olímpicos, como para sacar pecho (más todavía) ante el mundo, basada en la tetralogía que escribió Shakespeare centrada en la figura de tres reyes británicos, Ricardo II, Enrique IV y Enrique V. La producción de esta serie corre a cargo de Sam Mendes, reconocido director de nuestro tiempo que ha dirigido películas como American Beauty, pero que antes de dedicarse al cine se dedicaba a dirigir obras de teatro muy prestigiosas en Broadway. Así que para encarar a Shakespeare, se ha colocado de nuevo la máscara del teatro, y se ha rodeado de un equipo artístico que viene del teatro inglés, encabezado por los propios directores, aunque si ha sabido rodearse de un gran equipo técnico para sacar máximo partido cinematográfico.
El principal problema de esta miniserie es que prácticamente no tiene adaptación del texto original de la pantalla. Seguramente es lo que pretenden Sam Mendes y equipo es crear la obra de teatro más espectacular de todos los tiempos, y en parte lo han conseguido. Visualmente es espectacular, y quien sea un gran fan de Shakespeare y sus textos mojará los pantalones casi con toda seguridad. Admiro que BBC haya dado luz verde a un proyecto como este, muy alejado de ser comercial, con capítulos de más de dos horas, demostrando que está a años luz de cualquier televisión en cuanto a tomar riesgos por la calidad, solo comparable con HBO, aunque dudo mucho que esta se atreviera con una adaptación teatral al pie de la letra. Pero la valentía no es una cosa que valoro si no me gusta lo que veo en pantalla, y me cuesta mucho seguir esta serie precisamente por ser tan teatral.
Los códigos del cine no son los mismos que los del teatro, cada arte tiene sus propios códigos que pueden o no funcionar en otra, muchas veces reflejar la narración de una novela de una manera fiel es cuestión de la imaginación del director (ejemplo, David Fincher en El club de la lucha), pero una obra de teatro en televisión requiere otro tipo de recursos. Hace un tiempo os hablé aquí de The Sunset Limited, una producción teatral de HBO dirigida por Tommy Lee Jones, escrita por Cormac McCarthy basándose en una obra de teatro suya, y protagonizada por Jones y Samuel L. Jackson. Esta si era un gran ejemplo de obra perfectamente adaptada, con diálogos rápidos e interesantes que van al grano y una historia condensada en hora y media que se pasa volando. En The Hollow Crown sufrimos a Shakespeare, porque sus diálogos resultan cargantes en televisión, conversaciones de diez minutos que desde el minuto dos están perfectamente encauzadas, y cuyos ocho minutos solo sirven para despistar. Espero que nadie se tome esto como un ataque a Shakespeare, porque, aunque no es mi escritor favorito ni de lejos, disfruto con sus obras (sobre todo Macbeth, que es magistral), pero creo que es uno de esos autores que hay que leer y sentir, no ver en una pantalla, como tantos otros que son ninguneados por chavales de la ESO, Bachillerato e incluso universitarios, viendo películas o serie basadas en su obra para prepararse un examen.
Aún así, hay motivos para disfrutar con este serie. Lo principal es el reparto de cada episodio. Creo que no he visto nunca unos actores tan entregados a sus personajes como los que desfilan por aquí, se dejan el alma. Es todo un placer ver a actores veteranos como Jeremy Irons o Patrick Stewart derrochar energía interpretativa tan salvajemente, casi les puedes ver la barra de estamina al más puro estilo Scott Pilgrim vs the World vaciándose y llenándose en sus feroces duelos interpretativos. Del talento de los intérpretes antes nombrados no hay duda, así que el mayor interés de la serie es ver como se desenvuelven en papeles de este tipo actores más jóvenes como Ben Whishaw o Tom Hiddelston, que a la postre se llevan los personajes más importantes. Y la verdad es que los dos están a la altura de las circunstancias, se nota que a los actores del Reino Unido se les educa enseñándoles que interpretar a Shakespeare es uno de los mayores logros de su carrera, y lo encaran con mucha responsabilidad.
A Whishaw apenas le conocía, pero su interpretación de Ricardo II es enorme, sobre todo en las escenas más dramáticas, y es que ese aspecto frágil que aporta al personaje hace mucho. De Hiddelston dudaba más, ya que le hemos visto en las películas de Marvel interpretar a un villano ciertamente penoso, pero no por su culpa, sino por la de unos guionistas que se divierten haciendo que todos los personajes acaben pegándole al villano, quitándole toda la credibilidad y presencia que un malo debería tener. Pero ciertamente Hiddelston demuestra que es todo un acorazo (aguanta e incluso sale ganando en duelos interpretativos con Jeremy Irons o John Hurt), interpretando a un hijo que quiere ganarse el amor y la confianza de un padre que no le ve como un futuro buen rey. Esto le emparenta con personajes como el Theon Greyjoy de Juego de Tronos o incluso con el Faramir de El Señor de los Anillos, personajes que son toda una referencia para las generaciones actuales de potenciales consumidores de esta serie.
La serie también ofrece unos cuantos clímax dramáticos de mucha intensidad emocional, principalmente gracias al increíble trabajo interpretativo, y su diseño de producción y artístico son sublimes. Como decía al principio, Mendes ha creado la obra de teatro más espectacular de la historia, pero su principal problema es que es una obra de teatro en televisión. Me encantaría asistir a una obra teatral de Shakespeare en un teatro inglés, que es el hábitat natural de estos escritos, pero cuando me siento delante de la tele a ver un producto televisivo quiere ver buena televisión, sobre todo si veo un producto de BBC, y aquí no he visto mucho de eso. La próxima vez que vea algo por el estilo será el montaje teatral que hizo Danny Boyle de Frankenstein, con Benedict Cumberbatch y Jonny Lee Miller, pero esto si lo valoraré como una obra de teatro porque está grabada en un teatro. Por cierto, que ganas de que salga.




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