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26 febrero, 2012

Paradise Lost: Purgatory, periodismo cinematográfico

El trabajo de un crítico de cine es el de descubrir cine a sus lectores. Cine invisible, comercial, sea cual sea, el crítico intenta demostrar a sus lectores por qué algo merece o no la pena. Sin embargo, el cine no es ajeno a la realidad, y por lo tanto, el crítico tampoco debe serlo. Quedarse en la superficie y no profundizar en los temas que trata es interpretar el cine como lo que no es: un producto de entretenimiento nada sugestivo que no busca hacer reflexionar sobre la vida y la realidad. Sea distorsionándola, descubriendo nuevos aspectos sobre ésta o creando nuevas realidades, el cine no debe olvidar el mundo en el que vive, aunque sea para renegar de él. Y digo debería porque, evidentemente, hay mal cine. Así, un crítico no sólo enseña a sus lectores lo que el director de una película quiere decir, sino lo que él mismo quiere que veas, lo que considera necesario de remarcar.

Cuando descubrí la historia que cuentan los tres documentales de Paradise Lost, me sentí orgulloso de tener la oportunidad de poder escribir sobre ellos, de intentar ser un buen crítico de cine. Tan estremecedora, injusta y real era, que no podía siquiera pensar en la posibilidad de que se olvidara. Así, después de su visionado, me sentí incapaz de mantenerme en la actitud pasiva de mero observador que es inherente a cualquier espectador. Quería pasar a ser un sujeto activo, necesitaba hacer algo, aunque fuera simplemente hacer saber a los demás lo que pienso de lo que he visto.

Paradise Lost es una serie de documentales necesarios y profundamente estremecedores. En palabras de su director, Joe Berlinger, que durante casi 20 años ha seguido el caso de los tres jóvenes de West Memphis acusados de un asesinato que no cometieron,es un documental que te enseña lo peor y a la vez lo mejor de la humanidad.

 El 5 de Mayo de 1993, tres niños de 8 años desaparecieron en las colinas de Robin Hood, en West Memphis (Arkansas). Sus nombres eran Steven Branch, Michael Moore y Christopher Byers, y los tres eran amigos y compañeros de clase. Al día siguiente, después de una exhaustiva búsqueda, fueron encontrados sus cadáveres en una acequia junto a un pequeño riachuelo. Sus cuerpos habían sido vejados, abusados, golpeados y mutilados brutalmente. La Policía no tardó en encontrar un móvil satánico en los asesinatos, que según ellos, formaron parte de un ritual. Tampoco tardaron mucho en acusar a tres sospechosos. Jessie Miskelley, joven de 18 años vecino de la zona y con un coeficiente intelecutal de 72, fue interrogado durante 12 horas hasta que delató a dos compañeros suyos: Damien Echols y Jason Baldwin. Ambos, según su testimonio, habían sido culpables de tal atrocidad, con la ayuda de él mismo. Los tres jóvenes eran fans del heavy metal, vestían ropa negra y llevaban el pelo largo o con crestas. La Policía parecía no necesitar más. Se encontraron libros sobre brujería y religiones como la Wicca en casa de Damien Echols, y párrafos en sus libretas que, aunque eran de Shakespeare y autores románticos, evidenciaban sus tendencias satánicas según la Policía.

Una vez confesado el crimen, Jessie Miskelley fue condenado a cadena perpetua, a pesar de que sus abogados defensores sostenían que había sido coaccionado para autoinculparse y culpar a Damien Echols y Jason Baldwin. Estos dos últimos tuvieron un juicio lleno de irregularidades, e incluso el segundo fue encarcelado (también cadena perpetua) por asociación, porque, según el testimonio de Miskelley, estaba junto a Damien Echols.Éste último fue condenado a pena de muerte.

El documental Paradise Lost, estrenado en 1996 en la cadena HBO, no fue solo un exhaustivo documento audiovisual de investigación, sino que sacó todos los trapos sucios de la justicia estadounidense. La respuesta del público fue impresionante. Pronto se crearon grupos como el “Free West Memphis3”, que apoyaban con sus escasos recursos nuevas investigaciones y pedían la libertad de los tres jóvenes, que no habían recibido un juicio justo. El documental pasó a ser una prueba más que podía utilizarse en el juicio. Podía serlo porque era objetivo, dejaba hablar a todas las partes y no hacia sino exponer hechos. Y éstos eran tan abrumadoramente injustos que convirtieron el caso en mediático, e influenciaron enormemente el caso.

Paradise Lost reflexiona también sobre cuál es el papel del periodismo en casos así. No es únicamente recoger declaraciones, sino investigar aparte, buscar evidencias y defender honestamente una postura.Y los hechos y su contrastación son la mejor forma de defenderla. Así, la insistencia de los creadores del documental en esclarecer los hechos del caso alimentaron su fama y desembocaron en Paradise Lost: Revelations. En éste segundo documental se revelan todos los hechos que demuestran tajantemente que los tres jóvenes no sólo eran inocentes, sino que habían sido juzgados por prejuicios y aleatoriamente. Las pruebas señalaban a otros culpables, había otras zonas cercanas al lugar del asesinato que fueron descartadas. Sin embargo, no fue hasta Paradise Lost: Purgatory, el documental que se presenta a los Óscar, cuando la historia se convirtió en el estandarte de aquellos que defienden una justicia más justa (valga la ¿redundancia?) y critican el modelo estadounidense. La policía había encubierto pruebas, había personas en el jurado popular que habían sido seleccionadas por el juez, y ninguna de las nuevas evidencias ni pruebas de ADN parecían ser suficientes para que el juez reabriera el caso y se hiciera un nuevo juicio. El grupo que pedía la liberación de los tres jóvenes (ya cada uno con más de 30 años) había ganado mucho poder, y a su causa se unieron personalidades como Eddie Vedder (cantanta de Pearl jam) o Johnny Depp. La presión mediática y las evidencias reabrieron el caso, que lleva desde Diciembre de 2011 siendo de nuevo investigado. Pueden pasar años hasta que se sepa algo. Aun así, los tres de West Memphis fueron liberados. Tuvieron que admitir su culpabilidad y realizar tareas sociales, pero son libres hasta que se supiera si las evidencias que había podían demostrar su inocencia.

La historia de los tres de West Memphis queda marcada a fuego una vez ves los documentales de Paradise Lost. Existen miles de injusticias, pero van a quedar en el anonimato si no hay nadie que apueste por destaparlas. El cine y el periodismo lo hacen por diferentes sendas, pero cuando se unen tienen un enorme poder. La responsabilidad de los periodistas y de los cineastas recae en cómo utilizar ese enorme poder.

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Sobre el autor, Ricardo Dudda

Le busco el significado hasta a las pelis de Buñuel. Creo que el blanco y negro no es siempre sinónimo de calidad y que Fargo, aunque amo a los Coen, es un coñazo (lluvia de tomates). Me encanta el cine lento, los planos panorámicos y las grandes historias de las pequeñas cosas. Comencé a amar el cine gracias a Totó y Alfredo, pero fueron Wilder y Buñuel quienes más me han enseñado sobre el séptimo arte. Si tuviera que recomendar una película, sería Umberto D. Al cine, mejor solo y sin palomitas.

  • http://twitter.com/Lizzyrm Liz

    Como estudiante de periodismo, seria un honor hacer un trabajo asi, es mi mayor sueño

    • http://twitter.com/rdudda rdudda

      Ya lo creo, es total dedicación, y se nota :)

  • Matyas Acevedo

    bi el documental y se re notava las irregularidades de ese caso y si esos chicos eran inocentes quien les devuelve esos años que tubieron ke pasar en la prision donde a uno de ellos lo violaron los invetigadores y el juez me parese ke isieron mal su trabajo no pueden condenar a nadie por su apariencia. investigadore policias jueses agan bien su trabajos honestamente

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