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9 febrero, 2013

“NO” +, la creatividad al rescate de la libertad

Pablo Larraín (Chile, 1976) completa con NO (2012) su trilogía sobre la dictadura chilena de Augusto Pinochet, que inició hace unos años con Tony Manero (2008) y Post Mortem (2010). De momento NO, cosecha premios y está nominada al Oscar a Mejor película de habla No inglesa.

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El pueblo chileno se prepara para votar. Es el año 1988 y con Augusto Pinochet en el poder, se convoca un plebiscito para determinar si el Jefe de las Fuerzas Armadas debe seguir al frente del país o no. En esa época de dictadura, los ciudadanos no creen que sirva en absoluto su voto. René Saavedra (Gael García Bernal), publicista, será el creativo encargado de llevar a cabo la campaña del “NO”, empleando para ello sus ideas.

¿Sabían ustedes cómo fue derrocado Pinochet? ¿Si? ¿No? La última película de Pablo Larraín profundiza en dar respuesta a esta pregunta, pero no lo hace por el camino de la seriedad, del lamento y la melancolía. ¿Cuántas vidas se perdieron en aquellos terribles 15 años de Dictadura? cientos… miles… pero, ¿quién no sabe eso? Todos lo sabemos. Por eso, Larraín nos cuenta una historia dentro de la cual, se desarrolla otra con el mismo funcionamiento: la creatividad como solución a los problemas. Eso es (o debería ser) la publicidad.

Este es uno de los puntos fuerte de la película, pues cualquier atisbo de publicidad en cine o series siempre es atractivo: Mad Men (2007 – Actualidad), ¿En qué piensan las mujeres? (Nancy Meyers, 2000) y siempre por lo mismo: la imaginación. Las ideas, el soñar…  La buena publicidad consiste en trascender de lo evidente, de ir más allá o por otro camino, para acabar consiguiendo exactamente aquello que parecía no habernos ofrecido.

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Lo fascinante de estas películas, es que sucedieron de verdad. Eso es lo que las ensalza cuando sales de la proyección, la certeza de que lo que acabas de presenciar aunque haya sido (a menudo) adecuadamente edulcorado por la propia esencia del cine, es lo que sucedió. Cuando se convocó el famoso plebiscito, nadie tenía fe en su validez. Es más, lo que tenía la gente era miedo. Fue un publicista audaz el que creyó que se podía ganar y le dio muchas vueltas hasta encontrar el enfoque correcto. Por eso considero que esta película, más a allá de sus errores (en mi opinión, nimiedades) es una muy buena película. Es más, me gustaría que levantara la preciada estatuilla que ya parece estar asignada a Haneke.

Yendo al análisis puramente cinematográfico, es un escándalo lo bien hecha que está. Me explicaré: Larraín opta por los 4:3 como formato. Por otro lado aplica un tratamiento de envejecimiento a las imágenes en el cual además, satura rápidamente los colores y quema los blancos cada vez que una luz mínimamente brillante irrumpe en nuestro campo de visión. ¿Resultado? Bienvenidos a los años 80. Es una de las ambientaciones más cuidadas (y logradas) que he visto. Realmente parece que se grabara en la época, y sin embargo no entremezcla apenas material de videoteca.

No 6

Todos los decorados, los entornos… hasta el más mínimo detalle ha sido mimado, o lo que es lo mismo, rebuscado en el baúl de los recuerdos y traído desde los años 80 para la ocasión. Muebles, videoconsolas, posters… Pero todo con ese estilo cutre que reinaba en aquellos años. Es impresionante.

Aparte del aspecto técnico y visual, el guión atrae, entretiene, convence. No se aprecian huecos ni apenas altibajos. Tiene el atrevimiento de no sólo tratar el proyecto publicitario, sino dotar a sus integrantes de vida, haciendo especial hincapié en el entorno y pasado de René Saavedra. El libreto aporta un enfoque que es tan sorprendente como eficaz, emulando a su vez al desarrollado por la campaña publicitaria. 

Logra algo que se me antoja muy difícil (o imposible): narrar un período de tiempo que todavía formaba parte de la propia dictadura y hacerlo de modo fresco, simpático y en ocasiones gracioso. Unas gotas de comedia negra que sientan como anillo al dedo a la cinta.

No 1

Si quieren que les hable de Gael García Bernal, tal vez deje entrever mi admiración por este gran intérprete. Y sin embargo, les diré que no creo que le fuese difícil ponerse en la piel de René. El actor mejicano, especialista como ninguno en clavar acentos de todos los rincones de hispanoamérica, era el ideal para el puesto. Su personaje, René, además de publicista es padre soltero y también un exiliado que regresó a Chile. Son muchos matices que García Bernal integra con templanza y que aportan mucha humanidad a su rol. Como publicista, lo clava.

Para completar, les diré que el director es hijo de un político de derechas. Algo que, a priori haría que entrásemos con prejuicios a la sala. Nada más lejos de la realidad, se nos brinda la oportunidad de ver una película diferente, original, que incluso puede emocionar a los más sensibles pero que desde luego en Chile, imagino que provocará muchas más emociones.

No todo es blanco o negro. Hay gente, que donde todos ven miedo, ve un arcoiris. Donde todos ven un – (menos), ve un +.

NO+

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Sobre el autor, Pablo Somavilla

Licenciado en Publicidad y RRPP por la Universidad Rey Juan Carlos I. Viajero, políglota, loco del fútbol y el deporte, melómano y sobre todo, cinéfilo desde siempre. Si la película es buena da igual la nacionalidad. El guión es lo más importante de cualquier película o serie. Mi misión es aconsejar y animar a los lectores a ir y disfrutar del cine, no destrozarles la película.