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7 febrero, 2013

Mapa, la belleza de un diario abierto y compartido

Ha sido un año peculiar para al cine español. Amenazado, incluso herido de muerte según muchos profesionales de la industria, por unos recortes públicos insaciables y las expectativas nunca cumplidas de una reformulación justa, eficaz y bienintencionada del sistema de ayudas que sostiene gran parte de la empresa cultural nacional, ha visto pese a todo cómo este 2012 le regalaba unas cifras de recaudación insólitamente altas y dejaba una perdurable cosecha de buen cine, diverso y valiente, que permite soñar con una nueva generación de cineastas ajenos a viejos prejuicios o barreras, que no necesitan nominaciones a los Goya (“olvido”, por otra parte, imperdonable) para quedarse en nuestro recuerdo. Espejismo, premio de consolación, canto del cisne quizás: en cualquier caso, este razonable y esperanzador éxito comercial/creativo no puede reducirse cínicamente al “efecto Lo Imposible” (y al tan cacareado debate sobre su verdadera identidad o nacionalidad), pues si bien la cinta ha alcanzado cifras de récord, se ha visto acompañada por otros meritorios fenómenos de taquilla como la animada Tadeo Jones o la adolescente Tengo ganas de tí y, sobre todo, por encomiables hitos de calidad cinematográfica como la Blancanieves de Berger, la consolidación de un potente cine de género (Rec 3); los primeros, extraordinarios, pasos de una animación adulta bastante maltratada en los circuitos de exhibición (Arrugas, O apóstolo) o la eclosión de un circuito underground que compensa estrechez de presupuesto con talento e imaginación a raudales. En este último ámbito, que será objeto de interesantísimo análisis en un próximo artículo de nuestra web,  han destacado y alcanzado notoriedad trabajos como la laberíntica y oscura Diamond Flash de Carlos Vermut, el mediometraje El Señor de Cavestany, los vídeos de Venga Monjas o una iniciativa lanzada recientemente bajo el nombre de Little Secret Film y que aglutina diversos trabajos realizados en secreto, con equipos reducidos y entregados,  para su difusión gratuita online (hagan una visita ala página web, merece la pena).

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Pues bien, en este contexto rico y estimulante, donde parecen abrirse nuevas puertas a la experimentación y la novedad, nos encontramos con León Siminiani, guionista, director y productor santanderino que tras una fructífera carrera como cortometrajista (Límites, 2ª persona) plagada de galardones  internacionales y altas expectativassalta al largo con MAPA, un sorprendente documental en 1ª persona por el que ya ha obtenido el Premio al  Mejor Documental Europeo en el Festival de Cine Europeo de Sevilla 2012 y una nominación al Goya en la categoría Documental que probablemente se traduzca en victoria. Con un estreno limitado la pasada semana en Madrid, que se amplía este viernes a Barcelona y lo hará progresivamente a otras ciudades (en una medida, precavida estrategia de Avalon), MAPA es, sin duda, una película singular, chocante en un primer momento, que incide en las dinámicas de autorrepresentación exploradas por Siminiani para perfilarse como un diario grabado, una ¿generosa? ¿ombliguista? puesta a disposición de la intimidad sentimental y profesional de un hombre en plena búsqueda existencial.

Siminiani comparte con nosotros su viaje a la India, sus sentimientos hacia Luna, la relación con su ex-novia, sus baches artísticos, sus reflexiones vitales, incluso un accidente automovilistico…Lo llamativo está en el qué y el cómo: el realizador no sólo se atreve a exponer sus emociones, dudas, miedos a corazón abierto, sino que también innova en la forma de expresarlas, jugando con la  construcción interna de la película, haciéndonos en cierto modo partícipes de su grabación y montaje. A través de una constante e irónica voz en off, la suya propia, el director cántabro explica las imágenes que vemos, su sentido y conveniencia, pelea consigo mismo (o, mejor dicho, con “El Otro”), se autocritica y psicoanaliza, hace cine en directo. El experimento funciona en las dos dimensiones (la emocional y la de travesura técnica) al revelarse, por un lado, de una sinceridad desarmante y, por otro, de una saludable espontaneidad, frescura y alegría cinematográficas. Los eventuales amagos narcisisitas o de peligrosa autoconsciencia se superan gracias a un halo romántico rebosante de verdad y cotidiana melancolía. Siminiani obra entonces el milagro: armonizar fondo, forma y profundidad (véase la platea de espectadores) planteando cosas tan hermosas como un “rito del olvido” (mejor no desvelar sus pormenores) que derrumban la muralla física de la pantalla y confirman el alto grado de identificación alcanzado con un espectador joven y cómplice. Quizás ese perfil específico que la obra demanda impida a otro tipo de público disfrutar totalmente la propuesta, pero les invito encarecidamente  a que, por lo menos, lo intenten. ¿Por qué, en resumidas cuentas?

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Porque, se entre más o menos en su (apasionante) juego, pocos negarán a Mapa, aun con momentos mejores y peores, su condición de obra única, que es al mismo tiempo una película y su making-of, un libro y su contraportada, una confesión íntima y su proyección colectiva (generacional quizás), una crónica real y un sueño, un documental y un poema. Apoyado en el brillante acompañamiento musical y una ambición que está por encima de bajos presupuestos, cámaras de vídeo que no son de última generación o géneros infra-atendidos como el documental, Siminiani ha compuesto un conciso, mágico, homenaje al poder de la imagen para evocar, transmitir y recrear sensaciones universales con un simple plano. El cine como terapia para la vida y como medio para alcanzar aquella ansiada libertad que persiguieran Jules y Jim.

Sobre el autor, Álvaro G Illaramendi

Estudio Empresariales y Derecho, pero mi corazón y mi mente se han formado con el cine. Cuando me hablan de inversiones, pienso en Michael Douglas trampeando en Wall Street; cuando tengo que solucionar un caso penal, en aquellos Doce Hombres sin Piedad; cuando me explican el liberalismo, en Gary Cooper y su Manantial. Durante el Festival de San Sebastián, mi cinefagia alcanza extremos inquietantes, pero si me preguntan qué es el cine, simplemente respondería: ve Amanecer y enamórate.