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febrero 11, 2012

Lo mejor de Eva, un thriller a medio camino de serlo

Han pasado trece años desde su aclamada Los lobos de Washington y Mariano Barroso no ha conseguido superar el guión que por entonces firmó Juan Cavestany. No ha perdido, por lo demás, pulso narrativo, sentido de la atmósfera ni una dirección de actores más que correcta. Y todo esto con una realización y planificación sencillas, casi de tv movie. Lo mejor de Eva se ve, en general, con interés. Cierta expectación en su primer tramo, entretenimiento en el segundo, obvia decepción durante un tercer acto sin sorpresas y, finalmente, profundo estupor en el epílogo ante un salto al abismo argumental que propone el autor.

Además de un punto de partida un tanto forzado (y con ciertos agujeros), la previsibilidad del argumento se debe, y hay que agradecerlo por lo menos, a que Mariano Barroso juega limpio en el guión. Es decir: siembra una posibilidad y esa posibilidad se confirma a mitad de la historia. El mínimo halo de misterio que algún espectador ingenuo pudiera mantener durante cierto tramo de la película se diluye antes o después. Así que del escuetísimo thriller judicial -cuyo desarrollo podría resumirse en una línea- todavía nos queda ese otro género que la película quiere abordar: el thriller sexual, ese lúbrico descenso a los infiernos que tan de moda estuvo en los noventa y cuyo tono apela a El último Tango en París (Bernardo Bertolucci, 1972), una referencia que se materializa en el epílogo y que retoma la tortura genital como castigo a los pecados de la perdición sentimental.

Y el thriller sexual funciona en parte por la química de sus protagonistas y la creíble construcción de Leonor Watling como la hierática, melancólica y potencialmente perturbada juez a la que interpreta. A Watling pueden sobrarle algunos tics -y quien suscribe juraría que cierta falta de raccord emocional en algunas secuencias- pero tiene éxito componiendo mediante matices a una mujer indolente pero quebradiza. La falta de verosimilitud de su “caída” a partir de cierto momento (y esto no es más spoiler que el propio trailer) de la película no es culpa suya sino de las prisas del argumento, que hubiese necesitado más tiempo -o intensidad, o diálogos, o visceralidad- para cocinarnos ese juego de seducción cuyo motor principal es Miguel Ángel Silvestre.

Miguel Ángel Silvestre. con una prometedora carrera cinematográfica tras convertirse en ídolo de masas en la serie Sin Tetas no hay Paraíso, ha estado bastante desaparecido hasta que recientemente hemos podido ir viendo los frutos de su prolongada ausencia (Verbo, Alakrana). En Lo mejor de Eva, el actor se convierte en una acertadísima elección de cásting, beneficiado por un personaje sin historia y de pocos recursos expresivos -pero efectivos- para encandilar a las mujeres. Quizá el diagnóstico principal de las debilidades de la película señale, sí, a su personaje. Ese gigoló universitario con carisma, ansias de venganza, pero aún así en pleno jugueteo frívolo y pueril, no termina de convencernos de que tenga lo necesario para derretir ese esforzado bloque de hielo que es Eva. Hay algunos valores extracinematográficos a su favor -y los suspiros femeninos en la sala dan fe de ello- pero si los eliminamos, Rocco (que así se llama su personaje) es una construcción algo perezosa (sobre el papel), cuya buena presencia no suple todo aquello que hubiese sido necesario para insuflar drama a la película (ambigüedad, magnetismo, alma). No es una catástrofe para la película, pero sí uno de los pies que cojean de forma más localizada.

En definitiva,  delgado drama judicial que, finalmente, apoya todo su peso en la construcción de Watling. Un thriller sexual con más carne que deseo; con más atmósfera que misterio; más ineficaz dramáticamente que fría de forma autoconsciente. No es la obra cumbre de su director, pero sí una historia  digna, contada competentemente; con mimo por sus actores y sentido del relato. Una lástima que un relato negro, no por rutinario menos entretenido, termine con pinceladas grandilocuentes que condenan a Lo mejor de Eva a ser una película del montón, cuando había mimbres para algo mucho más grande.

About the author, Fran Carballal Ramil

Fran Carballal es licenciado en Periodismo y Máster en Guión de Cine y Televisión por la Universidad Pontificia de Salamanca. Trabajó como Analista de guión en el Departamento de Ficción de Telecinco, colaboró con Isla Producciones y trabajó como guionista en Portocabo Producciones.