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enero 23, 2013

Las Sesiones, fuera de nuestra liga

Las Sesiones es una de esas cada vez menos extrañas películas que irrumpen en el panorama tras algún festival y tras alcanzar ciertos picos de expectación se acaban diluyendo en la marea de estrenos semanales. Esto es algo habitual en nuestras carteleras, esas donde la distribución de cierto tipo de cine rara vez supera cotas muy bajas y deja sin oportunidad de tastar joyas así a un gran número de espectadores a los que les encantaría que una película como esta les pillara por sorpresa. Las Sesiones es una película pequeña, bastante pequeña, tanto que por no estar inspirada ni siquiera lo está en un libro, sino que lo está en un artículo periodístico que dio origen a todo lo que vemos en ella. No tengo dudas de que, lejos de ser una traba, ese aspecto ayudó positivamente a que el resultado tenga mucha más fuerza que la que podría haber tenido estando ya escrita de antemano. Su director y guionista, Ben Lewin, no trata aquí de convertir un libro que ha conmovido a medio mundo en una película que deje frío al otro medio, sino que intenta emocionar con una cinta basada en un artículo periodístico que, en su momento, posiblemente levantó poco más que curiosidad entre los lectores. Y es importante este punto porque en él se encuentra la clave de que la película sea lo que es, ese sentimiento con el que el director fue trazando el relato en su cabeza primero, bajándolo al papel después y transportándolo al cine por último. Todo con esa sensibilidad hacia lo tratado y sobre todo hacia su personaje principal, un Mark O’Brian que si enamora a las mujeres con tanta facilidad es porque al primero que enamoró fue a su director.

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Mark O’Brian (John Hawkes) es un poeta y periodista tetrapléjico conocido en todo su vecindario no solo por sus poco discretos paseos por el barrio, sino también por la actitud con la que siempre ha tratado una enfermedad que no le iba a impedir ir a la universidad como cualquier otro alumno. Sin embargo, tras ir cumpliendo metas, Mark siente que a sus 38 años ha llegado la hora de seguir cumpliendo otras que hasta ahora le han sido más difíciles, como perder la virginidad. Para ello recurre a Cheryl Cohen-Green (Helen Hunt), una terapeuta sexual que debería, en solo seis sesiones, enseñarle y hacerle sentir todo lo que Mark desea. Para dar este paso, desahogarse tras las sesiones y pedir consejo sobre ellas, el propio Mark elige al párroco de su iglesia (William H. Macy) que terminará siendo su confesor más allá de lo que en un principio este esperara.

Alrededor de estos tres roles gira toda la película, haciéndose imprescindible para ello que el nivel de interpretación esté tan alto como lo está. John Hawkes cumple magníficamente en su papel de tetrapléjico, mostrando una expresividad facial y -aunque parezca mentira- corporal digna de ser valorada en su totalidad por los grandes premios, como sí se ha hecho con su compañera Helen Hunt. La naturalidad con la que esta última se convierte en la terapeuta de Mark O’Brian y establece un lazo que comienza a traspasar lo profesional con cada sesión merece ya de por sí la atención prestada, aunque al final acabe sin levantar ninguno de los grandes en febrero.

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Las Sesiones deja poso por muchas razones en general, pero la principal parece estar en la normalidad con la que observamos el papel de Mark en esta vida. Pasar su existencia postrado en una cama no le ha hecho mostrar inquietudes o problemas diferentes a los que cada uno de nosotros podemos afrontar cada día, y esa es parte de la grandeza de la historia. Mark se enamora con facilidad y responde a las mujeres que le tratan con cariño con todo lo que tiene más allá del afecto físico, que es una cercanía humana y una sensibilidad no al alcance de todos los hombres, quedando esto evidenciado en las escenas en las que Cheryl vuelve a casa tras cada sesión. Pese a estar terriblemente limitado, Mark se siente valiente, se declara, es rechazado, llora, consulta, aprende y sale adelante a por la próxima mujer que se cruce en su vida no sin olvidar la magia que desprendía la última pese a haberle rechazado. Todo ello con un humor envidiable, negro en ocasiones, pero siempre de una naturalidad que matiza la película hasta darle el tono adecuado. Es imposible en este punto no comparar Las Sesiones con Intocable (Olivier Nakache y Eric Toledano, 2011), por tratar dos temas similares desde el prisma del humor para, sin caer en el melodrama, mostrarlos más humanos. Pese a lo que digan las taquillas de media Europa, Las Sesiones sale victoriosa de este duelo por hacer que todo en ella esté mucho más integrado que en Intocable, donde dos personajes genialmente dibujados se veían incrustados en situaciones que rozaban el gag con el fin de provocar la carcajada, mientras que en Las Sesiones todo fluye de manera mucho más natural. Quizás las risas sean menores y hasta los personajes tengan menos gancho, pero si nos centramos en buscar historias humanas que no solo nos saquen una sonrisa y nos hagan pasar un buen rato sino que nos reconforten interiormente, Las Sesiones es definitivamente mejor opción. No tiene precio ver a Mark, a sus 38 años y postrado en una cama sin ni siquiera poder quitarse la camisa, “disfrutando” de sus primeras experiencias sexuales al lado de una mujer que ni en sueños habría creído tener, y pasando los mismo nervios y haciéndose las mismas preguntas que se haría cualquier adolescente. Y es bonito ver que, aunque en dicho momento está fuera de juego, cuando toma control de la situación y puede volver a ser él es capaz de confundir hasta a esas mujeres a las que él clasifica “fuera de su liga”, como ocurre con el ángel que es Cheryl.

Mención aparte merecen sus momentos con su sacerdote, haciéndole escuchar todas las historias y detalles que el propio sacerdote sabe que no puede pero desea escuchar, así como obligándole a darle unos consejos que, si bien Dios entendería, quizás no tanto el Dios que nos venden en ocasiones aquí abajo. Es interesante este punto de la película para observar la represión sexual que la férrea educación religiosa ha provocado en Mark, complementándose este aspecto con la libertad de una Cheryl que es más ella desnuda que vestida.

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Por las impresiones que deja, me atrevería a incluir ahora mismo Las Sesiones entre las diez mejores películas estrenadas en España el pasado año. Quizás con el tiempo desaparezca esta idea, pero la sensación de haber sonreído, haberse sentido identificado y haber disfrutado con la historia del tetrapléjico que enamoraba a las mujeres no creo que pase pronto. Es curioso que en una película con la discapacidad como temática principal no sea esta lo primero que viene a la mente cuando se echa la vista atrás, ni siquiera tras su final. Si mañana hubiera que recomendar Las Sesiones, posiblemente habría que evitar mencionar la temática para no generar unas falsas expectativas respecto a lo que se va a encontrar. En todo caso hay que decir que, en esto sí, Intocable ha abierto muchas puertas alejando melodramas a fuerza de humor. Las Sesiones ahora ha dado un paso más y a ese mix ha añadido sutileza y mejores interpretaciones, algo que debería bastar para llenar la mitad de cines que la cinta francesa. Lamentablemente, no ha sido así.

About the author, David Genovés

Estudiante de Ingeniería Industrial que se venga de ella escribiendo. Aficionado al deporte, la tecnología, la fotografía y al mundo de la actualidad y de la empresa. Cinéfilo y viajero. Colaboro con los Cines Lys de Valencia.