Anthony Hopkins se une a John Travolta en una historia de mafiosos dirigida por Joe Johnston.
noviembre 15, 2011
[laSexta 3] Holocausto Caníbal, al servicio de dudosos fines.
Se han escrito tantas líneas sobre Holocausto Caníbal (1980) que resulta difícil hacer un comentario que no reitere en lo ya dicho, pertinente o no. Creo que es una excusa perfecta para hablar de uno de los términos que empapan la creación moderna (en todas sus variantes): Provocación. Dando por supuesto que lo provocador ya no es nuevo – y por consiguiente, las recientes propuestas que se cimentan sobre el concepto pierden ahí gran parte de su fuerza -, resulta más interesante hablar del pensamiento que impulsa a arriesgarse de la manera en que una película como Holocausto lo hace, plantando al espectador frente a un espectáculo que a buen seguro no le dejará frío. Y viendo el material que camina en esta línea, no es difícil intuir que este pensamiento es de orden crítico: Para hacer reaccionar a la persona común, lanzas un comentario vestido de una manera que es imposible ignorar, y que es más, obliga al público a integrarse en él, a tomar partido. Autores como Pasolini, con obras de la talla de Saló, o los 120 días de Sodoma (1975), tienen por bandera un potente espíritu crítico que supone, al menos de boca, la justificación para hacernos vomitar al finalizar el metraje. Y aquí es donde quiero llegar: No encuentro, y no debería hacer falta buscar mucho, ese punto de conciliación con la raza humana que supongo que Holocausto debe tener. Podemos hablar de cualquier película gore de aquellos años hasta ahora, Hostel (Eli Roth, 2005), pienso ahora. La motivación de films como esos no es más que la de la víscera por la víscera, un “entretenimiento” que no condeno para gente cabal. Pero existe tras Holocausto un afán de trascender de los meros empalamientos que no puede sino mosquear, porque si de hecho al final no aparece más mensaje que el que mentes pensadoras quieran ver, resulta una pretensión vacía que en lugar de fin, se convierte en medio.
Cuatro jóvenes se adentran en la selva amazónica con la intención de realizar un reportaje sobre las tribus que habitan en ella, de las que se dice que aún practican el canibalismo. Tras su desaparición, un grupo de rescate es enviado para averiguar qué ha sido de ellos. Pero lo único que encuentran son las cintas de las cámaras que llevaban con ellos.
Rodada en inglés para conseguir distribución internacional, el film de Ruggero Deodato cuenta con Robert Kerman, todo un actor pornográfico con quien Deodato ya había trabajado, a la cabeza de su reparto. El resto de nombres se eligieron por saber hablar inglés, o fueron decisiones de última hora. Al mismo nivel de importancia están el resto de puntos del film: Música, fotografía, montaje… Todo está al servicio de lo gráfico, la brutalidad explícita, el asesinato más realista. Lo más reseñable, sin duda, es el uso de la cámara subjetiva en gran parte del metraje (el correspondiente a las escenas grabadas por los jóvenes). No es, por supuesto, la primera, pero si me atrevería a decir que una de las que sentó las bases para eso tan cansino que es el terror en primera persona (que llega a los irrisorios límites de Paranormal Activity en nuestros días).
Existen un montón de historias relacionadas con el film, aparte de los mitos que surgieron a su alrededor y que se encargaron casi por sí solos de la propaganda de la película. Se puede citar el arresto de Deodato bajo la acusación de asesinato de los personajes, acusación que se desmintió al aparecer estos en los medios públicos, o la duda – que para algunos aún permanece – sobre cómo realizó la escena de la mujer empalada, mujer a la que, por ser colombiana, no se pudo encontrar. Otras son más desagradables, e incluso de un mal gusto insultante, como la muerte real de seis animales frente a la cámara (que incluyen una tortuga, dos monos o un cerdo). Deodato más tarde confesaría que fue una estupidez usar animales vivos, pero creo que a mucha gente le dan igual sus confesiones.
A grandes rasgos, lo que tenemos es una propuesta que sorprende encontrar en la televisión pública. Si el lector es de estómago fuerte, tampoco es que la vaya a recomendar, pero puede verla y decidir por el mismo. Es polémica por polémica, que quede el aviso.
Holocausto Canibal se emite esta noche en laSexta 3 a las 23:30.



