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10 febrero, 2013

[Festival de Berlín] 3ª jornada, Gloria, La Religieuse y Narco Cultura

Imaginad una sala de cine con forma de teatro, como de aquellas que acostumbrábamos a tener en España antes de que las multisalas tomaran las riendas. Añadid ahora un buen puñado de gente de diversa nacionalidad, etnia y género y colocadla sobre las butacas rojas de nivelación equilibrada que rodean la gigantesca pantalla. Bien, ya ha comenzado la película, ha transcurrido una hora de metraje y la tensión del filme está a un nivel altísimo. Estáis en la fila 10, justo en el centro, y durante unos segundos frenáis y ojeáis con atención las caras de todos los espectadores que comparten la proyección con vosotros. Cuántas caras y expresiones distintas, eh. Diría que es una de las mejores experiencias de los festivales, tomar un breve instante para hacer un travelling de lado a lado y ver cómo está reaccionando la audiencia a la película. Y creedme, iluminados por la pantalla son fáciles de detectar los bostezos, las sonrisas y el muy común ‘enfado por desgaste’.

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He tomado uno de esos recesos en el primer pase de la mañana de hoy, con la chilena Gloria, y casi todo lo que he visto eran gestos complacidos, algunos incluso entusiasmados, porque el nuevo largometraje de Sebastián Lelio es una de las apuestas más satisfactorias de lo que llevamos de Berlinale. Ganador del premio Cine en Construcción durante el pasado Festival de San Sebastián, Gloria tiene como protagonista a una mujer en sus cincuenta-y-muchos del mismo nombre. Independiente pero solitaria, pasa los fines de semana coqueteando en las fiestas de solteros adultos de la ciudad de Santiago de Chile.

Lelio propone un retrato honesto y coherente de Gloria, a la que atiende de principio a fin con tal de mostrar sus inquietudes y sin divagar en los pormenores de otras tramas argumentales. Quien importa es ella, el estudio de su personaje y la construcción y el derribo de sus emociones a lo largo de la relación que mantiene con un hipócrita divorciado todavía suscrito a la dependencia infantil de sus dos hijas adultas. El director chileno logra enlazar de manera tan sobria al resto de actores con la historia de Gloria que en ningún momento el punto de vista descarta el compromiso que ha tomado desde el comienzo. Así, la veracidad de lo que cuenta Lelio, junto con la fascinante actuación de Paulina García, van de la mano sin fallar al humor o el ritmo de una relato de desarrollo eficaz y magistral finiquito. “Gloria, faltas en el aire, falta tu presencia, cálida inocencia…”

La Religieuse

“Gloria a Dios en el cielo…” ¿No empezaba así? Supongo que es un recurso fácil, pero la siguiente película que proyectaron esta mañana en el Berlinale Palast, el centro neurálgico del festival, era La Religieuse, un drama de época francés ambientado a finales del siglo XVIII en el que una joven burguesa es forzada por su madre a tomar los votos y convertirse a monja. Alentador, ¿verdad? Pues lo cierto es que el director Gillaume Nicloux escribe y dirige este relato con suma solvencia. Lejos de ser una convencional fotografía del funcionamiento de los monasterios de clausura, La Religieuse convence por el desgaste psicológico de su protagonista, Suzanne (una sorprendente Pauline Etienne), y la resignación que siente ante las acometidas de una familia desinteresada en su futuro o un par de madres superioras a cada cual más esperpénticamente obscena que la anterior -una talibán y la otra lesbiana, casi nada.

Por cadencia y estética no aporta nada transgresor al género, y tampoco es que lo necesite, pero su libreto, lejos de albergar sorpresa o acaso un desgranado mayor de Suzanne, deambula por la línea de la sobriedad. Sin aburrir, claro, y siempre con algo que decir y aportar al histórico-gráfico de los cosmos eclesiásticos del siglo ambientado, pero sin transgredir la barrera de lo excepcional.

BLOODSHED IN JUAREZ

Admirable es un adjetivo que en cambio no tengo reparos en adscribir al documental norteamericano Narco Cultura, del que os hablamos aquí en su paso por el Festival de Sundance y que no he dudado en perderme esta tarde. El debutante Shaul Schwarz firma un filme que además de trasladar de forma desgarradora la situación del México actual de la guerra entre los carteles y el gobierno también narra el nacimiento y desarrollo de una cultura paralela que está colocando a los traficantes como héroes, como robin-hoods que deben ser venerados mediante la música.

Con la rutina de un policía forense de la ciudad fronteriza de Juárez por un lado y uno de los ‘talentos’ de los Narco Corridos (una mezcla entre las rancheras y el hip-hop) por el otro, Schwarz escribe en imágenes lo que sin duda ha sido una meritoria investigación periodística de la cruel etapa por la que pasa el país azteca. Aunque Schwarz también tiene tiempo para modelar a sus personajes, incluir dolorosas imágenes de archivo y criticar la pasividad norteamericana. La repetición de esquemas -y por consiguiente del mensaje- no hace de Narco Cultura un sobre-subrayado documento, sino una aún más reivindicativa alarma ante la que es una precaria coyuntura social, cultural y hasta militar, en la que los mejicanos están viendo vilipendiados su futuro, sus esperanzas y sus vidas, al fin y al cabo. Imprescindible.

Y sí, he tenido tiempo de otear el CineStar 7 en el que estábamos viendo Narco Cultura y observar la implicación y el sentimiento de los presentes. Nula la indiferencia y muchos los halagos tras un encendido de luces que simplemente aviva aún más el fuego de la impotencia.

Sobre el autor, Emilio Doménech

Periodista. Michael Bay me dijo en 1998 que el cine podía ser una experiencia muy entretenida. Roman Polanski me contaba en 2003 que el cine podía mostrar la maldad y el sufrimiento del hombre. Luego vino Paul Thomas Anderson en 2007 y me aseguró que el cine podía incluso hablar sobre el deterioro de nuestras almas. Finalmente descubrí a Tornatore y esa maravillosa secuencia de besos y me enamoré de esto, del cine.