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29 enero, 2013

El vuelo, Zemeckis en piloto automático

A Robert Zemeckis le podemos perdonar hasta su ¿simpática? obsesión de la pasada década con la vistosa, pero quizá no tan revolucionaria como él soñara, técnica del motion capture, que se saldó con un irregular tríptico de propuestas iniciado por la espectacular Polar Express, sucedido por el estimulante erotismo y nervio fant-medieval en la destacable Beowulf y concluido con la poco atendida Cuento de Navidad. A este señor le debemos al fin y al cabo placeres cinéfagos como Tras el corazón verde, un delicioso Indiana Jones de serie B aficionado a las rom-coms, el chispeante clásico animado/híbrido ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, la gloriosa trilogía de Regreso al Futuro o la película-río más esencialmente norteamericana, divertida y conmovedora que se recuerda, Forrest Gump. Sí, algo así como el primo juguetón de Steven Spielberg, con el que comparte una envidiable voluntad de conquistar al público mayoritario sin renunciar a cierta ambición cinematográfica  y respetando unos estándares de calidad que lo convierten, por así decirlo, en un director de fiar. Sus máquinas del tiempo, injertos digitales con que permitir a Tom Hanks estrechar la mano de John F.Kennedy o a Bob Hoskins verse seducido por una sensual fémina animada dan buena muestra de su gusto por la experimentación mainstream, que ha alcanzado cotas algo preocupantes con el citado arrebato motion capture. Pero cuando se cansa de tanto I+D, tampoco hace ascos a productos más convencionales pero competentes en su estilo, como la lujosa y algo desvaída cinta de terror Lo que la verdad esconde o el Robinson Crusoe moderno de la exitosa Náufrago (sí, el macro-spot de Fed Ex).

Vuelo

12 años más tarde de aquel tour de force de Hanks, Zemeckis vuelve a los filmes de carne y hueso con El Vuelo, que ha dejado bastante satisfecha a la crítica norteamericana (no tanto a la española), ha cosechado un notable éxito de taquilla y dos nominaciones a los Oscar, Mejor Actor y Mejor Guion (esta última le viene un poco grande, todo hay que decirlo). Visto el tráiler, no hay duda de que la propuesta se enmarca dentro de la segunda categoría Zemeckiana, la de filmes no particularmente arriesgados pero sí dotados de una buena factura. Con una premisa narrativa interesante pero carne de peligroso sensacionalismo (piloto considerado héroe por una insólita maniobra de aterrizaje comienza a ser investigado y puesto en cuestión por la ingesta previa de alcohol y sustancias estupefacientes), el veterano director hace una demostración de fuerza, experiencia y dominio cinematográfico con la impactante secuencia del accidente aéreo, que condensa en apenas 10 minutos más emoción y garra que la mayoría de películas vistas este año y le permite dejar constancia de su proverbial poderío técnico y manejo con los efectos especiales. Directa, estremecedora, precisa, será recordada como una de las escenas de catástrofes más logradas de los últimos años.

Lo que sigue  a este prometedor arranque sabe, sin embargo, a decepción. El guion prefiere tomar la vía fácil y previsible del melodrama ejemplarizante sobre alcoholismo que ya hemos visto muchas veces, abusando del subrayado y eludiendo las preguntas incómodas que el planteamiento sugiere (¿en qué sentido debemos entender la influencia del alcohol y la droga en su heroica intervención?). En vez de primar la intriga judicial o los múltiples vericuetos de la trama, se cae en la censurable tendencia Hollywoodense a cruzar cine-espectáculo con cine de emociones y redenciones, inevitablemente condenado a una molesta artificiosidad. Al igual que ocurre en cierto modo con el tema de la locura en El lado bueno de las cosas, el filme de Zemeckis tampoco puede escapar del consabido esquematismo de guion al tratar la problemática de la adicción. Pero mientras la nueva propuesta de David O.Russel se escuda en su clave cómica y ritmo endiablado, al Vuelo le pesa una realización plana que revela a un Zemeckis más perezoso de lo habitual (quizás el esfuerzo para la primera escena le dejó fatigado para el resto del abultado, excesivo, metraje) y alguna subtrama prescindible, que resta más que aporta (la relación sentimental del protagonista con la estupenda Kelly Reilly perjudica la fuerza del conjunto).

vuelo2

En definitiva, cabe lamentar que El Vuelo no saque todo el partido deseable a su potencial dramático y reflexivo, pero tampoco puede desmerecerse la extraordinaria interpretación central de Denzel Washington y los numerosos apuntes de interés en un relato que empieza muy bien y va perdiendo fuelle a medida que avanza, sin perder nunca, eso sí, un dinamismo y amenidad que para sí quisieran otras producciones del estilo.

Sobre el autor, Álvaro G Illaramendi

Estudio Empresariales y Derecho, pero mi corazón y mi mente se han formado con el cine. Cuando me hablan de inversiones, pienso en Michael Douglas trampeando en Wall Street; cuando tengo que solucionar un caso penal, en aquellos Doce Hombres sin Piedad; cuando me explican el liberalismo, en Gary Cooper y su Manantial. Durante el Festival de San Sebastián, mi cinefagia alcanza extremos inquietantes, pero si me preguntan qué es el cine, simplemente respondería: ve Amanecer y enamórate.