Anthony Hopkins se une a John Travolta en una historia de mafiosos dirigida por Joe Johnston.
agosto 8, 2012
El documetal, un nuevo género documental
La idea de hacer estos artículos es una manera de proteger un estilo de música que amo. Un estilo que se tergiversa para convertirlo en un nuevo producto manufacturado para la generación Glee en Rock of Ages. Siento la más profunda vergüenza imaginándome que estas canciones puedan resultar atractivas para los niños que hayan crecido esta década viendo Disney Channel, porque esta música, aunque tuvo un éxito de ventas tremendo en los ochenta, luchaba contra el puritanismo de una década en la que la derecha ultraconservadora dominaba el mundo (Regan y Thatcher). Muchos pensarán al salir del cine que el heavy metal tampoco está tan mal, cuando la música que se ve aquí no es metal ni en su verdadera forma, sino una versión del rock clásico más dura en cuanto a sonido. Así que me veo en la obligación moral de enseñaros lo que de verdad es el metal a través de documentos fílmicos, incluyendo la escena hard ochentera que es la que le dio fama mundial al género, para que estos tipejos caraduras de Hollywood no os engañen. Por cierto, también parece que se han pasado el musical de Broadway en el que se basa Rock of Ages por las narices, y es una pena porque he leído que era bastante entretenido y una retrato de la época lleno de ironía e imaginación.
Para empezar, la verdad es que la filmoteca de un metalhead hace diez años eran bastante pobre en cuanto a documentales que se acercaran a esta música. Uno de los motivos principales puede ser que en los ochenta fue la década clave del cine de entretenimiento y la ausencia de documentales eran bastante notable. Una vez llegaron los noventa y el festival de Sundance, que fomentó la creación de documentales entre los jóvenes cineastas como un ejercicio artístico tan digno como cualquier película de ficción, el grunge arrasó como una ola a todas las bandas de los ochenta. Por suerte, tenemos un documento fílmico que resulta un tesoro por dar testimonio directo de la época, The Decline of Western Civilization: The Metal Years, de Penelope Spheeris. Este trabajo, que data de 1988, el momento de mayor esplendor de la escena rock ochentera, nos adentra en este movimiento a través de bandas y protagonistas concretos, incluso actuaciones en directo.
Como decía, su mayor logro es dar testimonio en primera persona y en tiempo real de estos acontecimientos que ahora vemos con mucha distancia, así como explorar algunos de los temas clave de todo este movimiento musical, como el sexo, las drogas, el satanismo, la censura, el estrellato, etc. Quizás eso sea lo menos importante del documental, porque un tratamiento así requiere el paso del tiempo para evitar caer en algunos errores, como la validez de los entrevistados y sus declaraciones. Lo mejor del filme es el sentido del humor que desprende, no sé si intencionado o no, pero viendo estas cosas es cuando piensas que la realidad supera a la ficción. Ver a una chica loquita por los huesos de Tom Cruise en Rock of Ages no resulta tan hilarante como ver a Paul Stanley de KISS haciendo la entrevista acostado en una cama rodeado de groupies semidesnudas, o a Ozzy Osbourne, con el peinado más extraño del la historia y bata de leopardo, haciendo la suya mientras cocina. Da la sensación de que se llevaría muy bien con el Walter Bishop de Fringe.
Entrado el nuevo milenio, el metal ha conseguido algo que no todos los movimientos musicales consiguen, un director de documentales sobre el género con su propia productora especializada en el tema. Él se llama Sam Dunn, y es un canadiense licenciado en antropología, y su criatura es Banger Films, fundada junto a su colega Scott McFadyen. Dunn se dio a conocer al mundo cuando estrenó Metal: A Headbanger’s Journey en 2005. Está considerado el mejor documental sobre heavy metal, y motivos no faltan. Dunn pretendía responder la pregunta de porque el metal había sido ignorado y censurado constantemente por las masas, pero le salió el mayor estudio sobre la cultura metal jamás realizado en el que sus conocimientos de antropología tuvieron un papel fundamental. Exploró temas como la muerte, la sexualidad y el satanismo alejado de los tópicos y consultando con auténticos expertos, además de realizar un trabajo envidiable profundizando en el género musical en sí, en su origen y sus ramificaciones y sobre todo en sus fans. También tuvo la suerte de estar en el momento y el lugar adecuados en más de una ocasión, porque algunos instantes de este documental son irrepetibles, como los miembros de Mayhem borrachos gritando proclamas contra Alemania y teniendo delirios de grandeza.
Después del éxito de este film, preparó una especie de secuela llamada Global Metal, con una premisa más personal y específica que la anterior. Dunn y su equipo viajaron a países alejados de los centros de atención de los fans del metal, como Brasil, Japón, Israel, China, India o Indonesia, para explorar lo que significa ser un metalhead en estos países, algunos con fuertes imposiciones culturales respecto a la música occidental, y explorar como este estilo de vida se enfrenta día a día con las religiones e incluso la ley. Lo realmente impresionante es comprobar que, aparte de la existencia de fans en los sitios más insospechados (iraníes metaleros), estos países tienen una escena propia de bandas, que debe ser clandestina en muchos de ellos. Así, descubrimos las bandas de black metal chino, el visual key japonés (género que podríamos hermanar con el glam americano, pero con una estética mucho más artística) o el thrash metal de alto contenido político de Indonesia. Tras este díptico de documentales, Dunn y su equipo han sido contratados por bandas como Iron Maiden y Rush para realizar documentales sobre ellos, ambos muy buenos y recomendables si os gustan las bandas, e incluso han filmado conciertos para posterior edición en DVD. Su último trabajo es Metal Evolution, una serie para el canal VH1 que explora la historia del género centrándose en sus subgéneros, desde su origen hasta nuestros días. A un servidor le sentó muy mal que no se tocara prácticamente el metal extremo (death, black y doom), mis géneros de metal favoritos, sobre todo sabiendo que Dunn tiene unos gustos extremos y exquisitos, pero tengo la esperanza de que desarrolle una segunda temporada centrada en el lado más oscuro del metal.
Con esto más o menos ya podréis hacheros una idea de lo que es el mundo del metal, pero queda una pregunta importante. ¿Cómo es estar en una banda de metal? Espero responder a esa pregunta con las siguientes dos recomendaciones, dos documentales sobre bandas muy distintas. El primero, centrado en Metallica, se llama Some Kind of Monster, y está dirigido por Joe Berlinger y Bruce Sinofsky, dos hombres a los que los amantes de los documentales reconocerán al instante, ya que se han encargado de realizar la trilogía Paradise Lost. Lo que empezó siendo una grabación de clips para promocionar el nuevo álbum de Metallica acabó convirtiéndose en una pesadilla que casi termina con la banda. El documental registra la etapa en la que Metallica empiezan a grabar St. Anger tras una sequía de material original de varios años, justo cuando su bajista les abandona. Los tres miembros que quedan de la banda y su productor habitual son obligados por su agencia de management a contratar los servicios de un terapeuta de grupo para resolver sus problemas. Esto es solo el inicio de una espiral de peleas, rehabilitaciones y reconciliaciones. Nunca se había visto a una banda exponer sus trapos sucios así.
La otra cara de la moneda es Anvil, una banda canadiense que tuvo sus quince minutos de gloria en los ochenta, teloneando a bandas como Bon Jovi, Scorpions o Whitesnake e influyendo a formaciones como los propios Metallica. Pero cuando pasó el boom del metal, simplemente desaparecieron del mapa mediático. El documental The Story of Anvil muestra en lo que se ha convertido una banda que influyó a toda una generación que ya no tiene ningún tipo de repercusión mediática. Ahora, los dos miembros fundadores de Anvil, amigos de toda la vida que rondan los cincuenta, viven en un típico pueblo helado canadiense, tocan de vez en cuando y a veces les sale una gira por Europa que suele ser un desastre y de la que no sacan un duro. Pero todavía creen que es posible ser lo que siempre han soñado, una estrella del rock. El documental es una de las cosas más tragicómicas que he visto, y también una de las más emotivas. Porque es imposible que no sientas algo por esta pareja a la que todo le sale mal pero nunca se rinden, saben que algún día llegará su oportunidad. La sonrisa siempre estará en tu cara, pero también puede que tengas que amagar una lágrima en algún momento. Algunos músicos se matan por ser demasiado famosos, otros lo hacen porque nunca han llegado a serlo, y luego están los tipos de Anvil. Y finalmente han conseguido algo del éxito que merecían con este documental rodado por su amigo Sacha Gervasi, que también se ha llevado premio, es el director de la película en la que Anthony Hopkins interpreta a Hitchcock.
Y esto es todo lo que os recomiendo que veáis de documentales sobre el mundo del metal. Próximamente habrá otro artículo sobre las películas de ficción centradas en el mundo del metal, en el que no voy a elogiar tanto, porque la verdad es que casi todos los ejemplos son más bien penosos. Pero por lo menos nos echaremos unas risas.




