Subscribe By RSS or Email

enero 25, 2012

[Ciclo Rodrigo García] Nueve Vidas, el abismo emocional en lo cotidiano

Nueve Vidas es una de las películas más importantes de Rodrigo García, considerada por la revista Time una de las diez mejores películas del 2005 y ganadora de un buen puñado de premios que recayeron sobre la dirección y el reparto. Con esta obra, Rodrigo García nos regaló un nuevo estudio sobre personajes femeninos de diversa naturaleza y en circunstancias personales prácticamente opuestas que, en cada una de sus historias, se asoman ante nuestros ojos a un abismo emocional. La premisa es sencilla: nueve historias, nueve planos secuencia.

Una de las características más visibles de Nueve Vidas es cómo las actrices y sus personajes se funden en una composición magnífica que se convierte en el centro neurálgico de las historias: Sandra (Elvida Carillo) una convicta temperamental que sólo desea ver a su hija; Diana (Robin Wrigth-Penn), embarazada y con un futuro conyugal por delante encuentra en el paisaje más anodino de un supermercado al hombre que le hace replantearse todo; Holly (Lisa Gay Hamilton) una hija en plena crisis nerviosa que necesita resolver un conflicto con su padre; Sonia (Holly Hunter), atrapada en una relación apagada que esconde un secreto desagradable; Samantha (Amanda Seyfreid), una fuerte adolescente que trata de convivir entre las brumas de la incomunicación de sus padres; Lorna (Amy Brenneman), amante del viudo en un velatorio y probable causa del suicidio de la fallecida; Ruth (Sissy Spacek) una mujer adulta que vive una aventura con un hombre en un motel; Camille (Kathy Baker), apunto de ser operada de cáncer y atrapada por un pesimismo vital que sólo puede apaciguar su marido; y Maggie (Glenn Close), una madre que acude al cementerio para compartir un doloroso diálogo con su hija (Dakota Fanning). Nueve historias al tiempo oríginales y verosímiles, fragmentos que parecen extraídos de la realidad.

Con Nueve Vidas, Rodrigo García demuestra la madurez de su estilo y consigue, sin esfuerzo, una maestría absoluta en la planificación de escenas y la dirección de actores, rasgos identificables en toda su carrera y que tantos galardones generan a todos los intérpretes que se ponen en sus manos. Sus relatos respiran literatura (no necesariamente la de su padre, quizá se aproxime más a los relatos de Raymond Carver) y un amor infinito hacia la humanidad de sus personajes. En efecto, su dominio de la progresión emocional en un contexto tan minimalista es propio de un literato y consiste en su precisión para describir la naturaleza de los personajes en pocos diálogos, apoyados de una confianza absoluta en los matices que se desprenden de su acting. Aunque, obviamente, la película contiene relatos mejores y peores, todos contienen un momento de máxima intensidad donde las protagonistas trasladan al espectador su miedo, angustia, tristeza, frustración o impotencia de forma vívida. Y conseguir esto en apenas unos minutos es un mérito que sólo los mejores autores tienen el privilegio de alcanzar. Muchos cortometrajistas soñarían con acercarse a cualquiera de estos nueve relatos.

A pesar de las muchas tramas y el generoso desfile de personajes comunes y rarezas que pueblan algunas de las historias,  el fragmento más celebrado -por derecho propio- es el que protagonizan Jason Isaacs y Robin Wrigth-Penn. Y es que siendo, probablemente, la secuencia más cotidiana de toda la película, dónde no hay los elementos grandilocuentes o forzosamente dramáticos que sí poseen las otras ocho historias (véanse armas de fuego, enfermedades terminales, cárceles, cadáveres, etc,) el desgarrador festival interpretativo que ofrecer Wrigth-Penn es capaz de remover al espectador con un drama que nace del detonante más insignificante, convirtiendo un simple paseo por el supermercado en una auténtica catarsis vital para una mujer que ve cómo todos sus principios y esperanzas se quiebran en apenas unos minutos, y nosotros somos cómplices de ese descenso a los infiernos. La sensibilidad que desprende la actriz se suma a una planificación orquestada desde un guión que encuentra en el tempo y los silencios los ingredientes ideales para una composición perfecta.

La película cuenta sólo con una pequeña “trampa”. Sin entrar en destripes, diremos que ésta se encuentra en otro maravilloso  fragmento -el que corresponde a Glenn Close- y simplemente se trata de un recurso que rompe parte de la convención “realista” que ofrecía la película hasta el momento -realismo reforzado por la elección del plano secuencia y la ausencia de efectos que resten veracidad a la historia-. No es nada, en realidad, que resulte especialmente flagrante y sirve al autor para dar una sorpresa final (no del todo necesaria) que revela la trágica naturaleza de lo que estamos viendo en pantalla.

Nueve Vidas es un avance respecto a Cosas que diría con solo mirarte y precedente de la magnífica Madres e Hijas, en resumen, un relato conmovedor, humano, realista y dramáticamente muy potente. Rasgos de un autor que domina la dirección de actores y compone con maestría relatos sobre el dolor y las muchas grietas del ser humano. Enamorado de la veracidad y la dolorosa incoherencia de sus personajes, Rodrigo García demuestra en este fílme que tiene muchísimo todavía por contar. Y esperemos que siga así durante muchos años, en cine o televisión.

About the author, Fran Carballal Ramil

Fran Carballal es licenciado en Periodismo y Máster en Guión de Cine y Televisión por la Universidad Pontificia de Salamanca. Trabajó como Analista de guión en el Departamento de Ficción de Telecinco, colaboró con Isla Producciones y trabajó como guionista en Portocabo Producciones.