Anthony Hopkins se une a John Travolta en una historia de mafiosos dirigida por Joe Johnston.
agosto 3, 2012
Breaking Bad comienza su recta final
Desde que Breaking Bad se emite en verano desde la pasada cuarta temporada, los seriéfilos estamos de enhorabuena. El que la serie de Vince Gilligan pueble casi en exclusividad la parrilla veraniega —con permiso de otra que nos dice adiós este año, Damages— logra que solo tengamos ojos para ella. Pero, pensándolo mejor, llegados a este punto del desarrollo de la historia de Heisenberg las estaciones poco importan si podemos seguir viendo la gran joya que es Breaking Bad, sea cuando sea. Y lo que aùn nos queda por ver: no en vano es una de las mejores series de la última década, y todavía puede crecer más.
Recordemos: Walter White, genio olvidado de la química y profesor de instituto, descubre que padece cáncer y el único medio que se le ocurre para sacar adelante a su familia cuando él haya desaparecido es fabricar metanfetamina con la ayuda de su antiguo alumno, Jesse Pinkman. Con ellos vemos las primeras dificultades para colocar el producto y sobrevivir en el peligroso mundo de la droga —su particular meta azul—, después vemos cómo son contratados por un experto traficante con una astuta tapadera y finalmente logra, a través de una sed de poder infame y muy pocos escrúpulos, y a pesar de que su enfermedad ha remitido, encarnarse como señor de la droga y dueño de todos los que le rodean. Todo ello en las cuatro primeras temporadas, alabadas por la crítica y galardonadas en todos los premios televisivos. Ahora, toca hacer balance y planear su despedida por todo lo alto.
El anuncio de que la quinta temporada de esta serie de AMC —la misma cadena que emite Mad Men— sería la última fue todo un jarro de agua fría, pero en cierto sentido el propio producto clamaba por un final coherente y que se alejara de las innecesarias extensiones que abundan en las series de network con éxito. Así, este año veremos los primeros ocho episodios de la quinta entrega de Breaking Bad —tres de ellos ya emitidos— y el próximo verano veremos los ocho restantes, pero hasta primeros de septiembre, cuando acabe la primera parte, no sabremos si la larga espera que supondrá este parón forzoso entre una y otra mitad nos dejará con la miel en los labios o funcionará, más o menos, como una temporada separada. Porque aunque no parezca relevante a primera vista, hay que tener en cuenta el ritmo que siempre impone Gilligan a cada una de sus temporadas y esta estructura partida tendrá importantes consecuencias a la hora de considerar la quinta temporada como un todo o como dos entregas funcionales separadas por el clásico golpe de cliffhanger de los guionistas de Breaking Bad.
Sea como fuere, la realidad es bien distinta, y es que el espectador que comienza a disfrutar ahora la nueva entrega está más preocupado de la dirección que tomará la serie que por los pasos que se darán para llegar a cada uno de sus finales. Y es lógico, porque la cuarta temporada se despedía no solo con un potente golpe de gracia, sino que planeaba con gran minuciosidad los conflictos que nos encontraríamos ahora, y que no son precisamente pocos. La posesión de Walter White por el megalómano Heisenberg —si es que no fueron siempre la misma persona— llegaba a completarse en la temporada anterior, y ahora que por fin ha logrado ser el que tiene la última palabra, el mismísimo peligro, tendrá que desplegar todo su ingenio para conseguir mantener el poder que al químico tanto esfuerzo y sacrificio le costó lograr.
Pero no lo tendrá fácil, porque ponerse el sombrero de Heisenberg supuso destrozar las vidas de muchas personas que le rodeaban, lo supieran ellos o no. Para llegar hasta aquí tuvo que descender hasta el mismísimo infierno, acabando, de una forma u otra con Tuco, Gustavo Fring, Gale, Tío Salamanca, Jane y muchos otros, y ahora ha llegado el momento de que el karma le dé la patada que por derecho propio se merece. ¿Quién o quiénes serán los que acaben con el sediento Heisenberg? Tenemos a la inteligente Skyler, la esposa que ha tenido que permitir este infierno por el bien de su familia; Hank, que anda inconscientemente tras los pasos del misterioso señor de la droga; Saul, el abogado que vendería su alma al mismísimo diablo; el terrible Mike, antigua mano derecha del Señor de los Pollos; e incluso añadiría a su lista de enemigos a Marie y a Andrea. Pero, sobre todo, Jesse Pinkman, su aprendiz y amigo al que maneja como una marioneta, que ha regresado a su lado sin saber que todo por lo que ha pasado ha sido por culpa de su maestro, es el que más razones tiene para aplicar la venganza. Sin olvidar que en su camino hay multitud de enemigos encabezados, cómo no, por él mismo y su ilitada ambición.
¿O saldrá Walter victorioso?
Esta quinta temporada se perfila como la verdadera coronación para esta pequeña joya televisiva, y estamos dispuestos a devorar cada uno de sus episodios como se merecen. All hail the king!




